Propagando en casa

Inspirada por el episodio de Propagación de Suculentas puse manos a la obra en casa. Tenía un par de plantas que ya merecían atención, habían crecido mucho y no la estaban pasando bien. En el episodio 11 junto con Martín Palé de Vivero Heian hicimos un paso a paso para multiplicar estas plantas, y hay que aprovechar este momento. Estamos transitando el otoño y es la temporada ideal para darles una nueva vida.

Me hice una tetera con té de menta, escuché un podcast tras otro y practiqué mi paciencia. ¡Fueron como tres horas de trabajo!

Llevé a cabo tres tareas

  1. Saqué las hojitas de una de mis Echeverias que había crecido mucho y las puse a cicatrizar. Durante un tiempo, 5/7 días, van a estar en una bandejita sin sustrato y sin mojar. Un dato importante: ser prolijos. Es la mejor manera de llevar adelante esta tarea.

Elegí platitos de macetas que no uso para usar como bandejas.

2) Planté hojitas de otra de mis plantas, un Kalanchoe marnierina que ya se estaban propagando solas. Se habían caído en la misma maceta y ya tenían brotes con raíces propias ya desarrolladas. Las coloqué en mini contenedores con un sustrato especial. (Esa info la encuentran en el Episodio 11)

3) Coloqué en una bandeja con sustrato especial hojitas de un Sedum morganianum que están casi brotados. Van a estar un tiempo allí y sólo los voy a rociar con agua. ¡La bandeja no tiene drenaje y no hay que encharcar!

Misión cumplida. Ahora la vida hará lo suyo.

Fruto del tiempo

En su obra “Patio o pintura para piso y plantas”, Catalina León se atreve a desdibujar los límites entre arte y naturaleza. La propuesta, que fue emplazada hace un mes en el jardín del Museo Sívori está al arbitrio de variables que ahora exceden la voluntad de la artista. El devenir de la obra quedó en manos del agua, la luz, la tierra, el aire y principalmente de la pulsión de vida de las plantas que la integran: hibiscus, alegrías del hogar (impatiens walleriana), girasoles (helianthus annuus), patas de vaca (bauhinia forficata) y pennisetum rupelli.

Catalina me contó que “la obra surgió de las ganas de estar adentro de una pintura, de habitarla, también de preguntarme constantemente por la utilidad de la práctica artística, el sentido de la conservación, la inquietud por la relación entre pérdida, entrega, vitalidad y  regeneración  y también por la fascinación del efecto del tiempo sobre la pintura”. 

Este proyecto se viene gestando hace más de una década, solo faltaba el momento y el lugar preciso para, literalmente, plantarlo. “Es una obra que hice hace 11 años: fue un proyecto para el premio arteBA Petrobrás. Si bien en su primera versión estaba pensada para estar en un espacio cerrado, mi ideal siempre fue que una vez terminada la feria, las maderas pintadas y las plantas fuesen a una tierra donde las plantas pudiera crecer y las pinturas sobre madera desintegrarse lentamente entre las flores. Eso tardó un poco en suceder. Durante todos estos años estuvo en un depósito, finalmente el año pasado Sebastian Vidal Mackinson, curador del Sívori estaba organizando una muestra sobre arte y naturaleza y ahí empezamos a conversar. Así surgió la posibilidad de plantarla en el museo. Al llevarla a un nuevo espacio las piezas se acomodaron de una manera diferente a la primera versión, pero eso no fue un problema, yo suelo trabajar a partir de lo que me propone  el entorno. Hago pinturas pero después es la interacción con el tiempo y el espacio lo que transforma esos fragmentos en obra”.

Tintas y Flores

Días atrás visité el Jardín Botánico con toda la intención de visitar la biblioteca. Tenía muchas ganas de hojear algunos libros de botánica y disfrutar de sus dibujos. No tuve suerte, la biblioteca está cerrada por el momento, así que seguí camino. Tenía como plan visitar la Galería Mar Dulce, una de mis favoritas. Sabía que era una buena oportunidad de ponerme al día con la obra de varios artistas. Durante el verano suele presentar la exhibición colectiva Sweet for my Sweet y para mi satisfacción pude encontrar varias obras inspiradas en la naturaleza. En especial, me encantó una acuarela de Raoul Veroni, un artista de un trazo exquisito que hacía sus acuarelas por puro placer. Por decisión personal en la década del 40 cuando se destacaba como grabador de aguafuertes se retiró del medio artístico para dedicarse a su sello editorial Urania, y luego La Cabellera. Realizaba preciosas ediciones de bibliófilo que integraban poesía, ilustración, imprenta y edición.

¡La acuarela que me encantó!

Su pasión por las acuarelas me la trasmitió su hijo Ral Veroni, uno de los directores de Mar Dulce que justo esa tarde estaba en la galería. Me contó cómo cuando él era chico e iban de vacaciones a Villa Gesell caminaban por los médanos y su papá recogía ramitas de plantas que llamaban su atención. De regreso en el hotel ponía manos a la obra: “tomaba la flor con su mano izquierda a la distancia suficiente que le daba su antebrazo y con la derecha la plantaba en el papel, en los recortes de papel hecho a mano que le habían sobrado de la realización de sus libros. Primero esbozaba el dibujo en tinta directa, con la línea extra fina de su plumín, luego el color, sin titubear, que levantaba de su pequeña paleta de acuarelas”, recuerda Ral.

Mientras Ral me relataba la historia de su padre fuimos viendo su obra.

Aquí ven algunas de las tantas obras del artista que tienen en la Galería. Tan delicadas como la flores que lo inspiraron.

Matriz de Marcelo Toledo

El 25 de noviembre en el día internacional de la NO violencia contra las mujeres Marcelo Toledo inauguró la instalación “Matriz, el arte como regeneración” en el Museo de Arte Popular José Hernández. La escultura realizada en metal se inspira en un tejido celular que crece, un capullo que inicia su transformación.

Esta muestra crea un hábitat de gestación, una matriz de regeneración donde la escultura se transforma en un espacio de creación de vida, un tejido celular que crece y que ante una situación traumática puede regenerarse. La obra del artista -además de plantear un proyecto espacial- propone pensar cómo los seres humanos podemos como las mariposas gestar un nuevo cuerpo y transmutar en un nuevo ser vivo.”, expresa la curadora Fabiana Barreda.

Puede visitarse hasta el domingo 11 de marzo de 2018, de martes a viernes de 13 a 19 h y sábados, domingos y feriados de 10 a 20 h en Av. del Libertador 2373, CABA. Entrada $10. Miércoles gratis.

Andrés Paredes en Calvaresi

En pleno San Telmo la galería Calvaresi presenta una interesante fusión entre los objetos propios de anticuario con el arte contemporáneo. Y dedica un piso entero a la muestra de Andrés Paredes “Artificio”, curada por Ana Martínez Quijano.

Allí fuimos con Silvia Rottenberg para contemplar sus jardines con libélulas. Un poco de selva en el origen de nuestra ciudad.

Dice en su texto la curadora: “Andrés Paredes logró activar materiales inertes. Con la intención de provocar una experiencia estética, montó un escenario envolvente y albergó sus visiones teatrales del paisaje. Para suscitar emociones en el espectador, magnificó la experiencia de la naturaleza, tornándola más agreste, virgen y exuberante. Allí están los brotes ondulantes con colores dulces y las libélulas y cigarras posadas sobre lianas enruladas y rebeldes”.

Matías Duville en Barro

Pasé a visitar la exposición  “Romance atómico” de Matías Duville en la galería Barro en La Boca. Curada por Anissa Tousti la muestra puede leerse como “un fragmento de sueños que se desarman a la luz del día”.

Cuando vayas a la galería no dejes de pasar al cuarto escondido para ver más obras de Duville.

En Caboto 513, Capital

Hernán Paganini en la Usina

Meses atrás Hernán Paganini fue convocado a intervenir un espacio de la Usina del Arte. El lugar elegido fue el perímetro del microcine, un espacio que hasta entonces oficiaba simplemente de pasillo y que se convirtió en lienzo  de la obra del artista.

A lo largo de más de veinte días y con la asistencia de Laura Códega, Nicolás Romero y Francisco Mondello y la colaboración de la arquitecta Luciana Cirillo, Hernán fue dando forma a “La maratón de las especies”. Fue durante el festival Ciudad Emergente que la obra quedó concluida y ya puede ser contemplada.

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De alguna manera en este mural de 40 metros de largo y que permite un recorrido 360 podemos encontrar huellas de collages, como si una esencia matérica se hubiera amalgamado a la pared del edificio. Según me explicó Hernán, el trabajo que él viene desarrollando tiene cierto vínculo con el collage “las piezas nuevas que hice que son unas esculturas, el proyecto que hago en Retrato del Mundo, o las instalaciones que hacía antes con madera, todos tienen una cierta reminiscencia al collage. El collage lo entiendo no como nomenclatura específica de papel recortado, sino que yo visualizo el collage como aquella herramienta que permite integrar cosas que parecen disímiles a simple vista. Eso me interesa como aspecto simbólico del collage”.

El mural de Hernán es acompañado por un texto de Merlina Rañi y una postal que el público puede llevarse. En ese gesto la audiencia se apropia de alguna manera de la creación y la resignifica. Como explica Paganini: “La obra no está en el mural, ni en el texto ni en la postal. La obra está en toda la experiencia. Está en toda esta construcción de fragmentos casi náufragos que están ahí sucumbiendo en la Usina, en los exteriores, en las postales que una persona se lleva a su casa. La obra en sí misma no es el mural sino que son todos los fragmentos que lo componen. Me interesa la idea de fraccionamiento, y de una especie de naufragio de que todas estas partes hablan de una totalidad que nunca se puede integrar en su unidad. Me resulta interesante que cada una de estas partes hablen individualmente de algo mucho más universal pero que no lo alberguen en su totalidad”.

La Usina del Arte está en Agustín Cafferna 1, en La Boca

Entrada gratuita